Como mucha gente, uno de mis pasatiempos es ir al cine. Disfruto ese ambiente en penumbras de la sala que a mi juicio será dificilísimo que sea igualado por cualquier sistema de video entretenimiento casero por más vanguardista que este sea.
Cierto es que tenía tiempo de no asistir de manera regular a ver cine como acostumbro hacerlo desde la niñez, pero siempre es momento de retomar los buenos hábitos.
Esta semana estuve revisando la cartelera y en apariencia no había muchas películas que llamaran la atención. Además estoy a la expectativa de dos producciones que espero desde hace años: una, “Angels and Demons” precuela del exitoso libro y posterior cinta “El Código Da Vinci”, y la otra, “Terminator 4”, que espero desde mediados de la década de los 80s cuando apareció la primer película de este saga y que catapultó al estrellato a Arnoldo el “Gobernator”. Con la primera película de Terminator quedé impactado y con la comezón por saber más del futuro tecnológico que en la cinta se mostraba. ¿Cómo sería el mundo después del año 2000? Ya desde entonces se asomaba mi pasión por la tecnología y los artilugios concernientes. De “Angels and Demons” que decir, pues solo aguantar la espera que seguro será estrenada aquí en México antes que “Terminator 4”, es más, ya es inminente su exhibición. Volví a ver hace unos días en video “El Código Da Vinci” para refrescar en mi mente la historia y el personaje central del Dr. Robert Langdon. Ahora solo es cuestión de esperar el estreno de su historia predecesora.
Volviendo al tema de la película que fuimos a ver esta semana, la elección recayó en “Gran Torino” con el otrora rudo americano por excelencia Clint Eastwood. Desde hace tiempo Eastwood dejo la rudeza y ha desarrollado en sus filmes personajes sentimentalones, que aunque no caen mal, también es cierto que no siempre acaban siendo del agrado del público. Ese era el riesgo en la elección, aunque la cinta era avalada por una recomendación de la propia cadena de cines que citaba no debíamos perdernos. En el otro lado de la balanza estaba un “churro” de terror (en México llamamos churros a los fiascos cinematográficos) que optamos por dejar para mejor ocasión, tal vez para verla en video en casa.
La historia de Gran Torino es simple: gira en torno a un veterano de guerra viudo (Eastwood) propietario de un automóvil Ford Gran Torino, y con un patriotismo exacerbado y un hasta cierto punto, repudio por los orientales merced de la guerra en la que combatió con ellos en Corea en la década de los 50s.
Su contraparte es un joven vecino suyo de ascendencia oriental emigrado a los Estados Unidos al que poco a poco va tomándole aprecio y que le hace fungir de tutor en muchos aspectos, al grado de suavizarle el carácter al viejo cascarrabias.
La verdad es una producción que me dejo muy buen sabor de boca y que sin duda recomendaría para ver en el cine (no en video en casa). No se escapan dos o tres situaciones chuscas en la trama que seguro más de uno de nosotros hemos pasado y que nos harán identificarnos con el personaje de Eastwood.
Bien por Eastwood que ha sabido “envejecer con dignidad” sabiendo sacarle el provecho a ese implacable paso de Cronos, que a más de un renegado de la evidente madurez que pasa por sus hombros insisten en comportarse como jóvenes haciéndolos verse patéticos no solo en el cine, sino en la vida cotidiana. Conozco a vario(a)s, je je.
Gran Torino, recomendación cinematográfica de la semana.
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