Podríamos llamarlo “predisposición” pero lo cierto es que hoy noté un cambio en el ambiente, cambio positivo por supuesto. El clima fue muy agradable, por lo menos hoy se quedaron de lado las variaciones bruscas de temperatura típicas de finales de Invierno en nuestra región (no estuvo presente el bochornoso calor ni los tristes nublados que no traían consigo lluvia, solo gripa) para dar paso a un sol esplendoroso que arrancaba un especial colorido a las plantas.
La Primavera para muchos es sinónimo de comienzo, de marcar un reinicio y precisamente por el derroche de vida que trae aparejado, es marca de positivismo. Los humanos al igual que los vegetales necesitamos el sol. Al respecto, son escalofriantes las estadísticas de suicidios en los países nórdicos que agobiados por las naturales depresiones que todos padecemos alguna vez en la vida, muchas veces son alentados a dar ese trágico paso (dicen los estudiosos del tema) por el clima gris y la falta de sol de manera constante.
Hoy vi un sol que contagia energía, que no quema, de esplendorosa claridad, que está en su punto exacto. Igual el aire se respira limpio, lleno de vida. Ayudan a este ambiente las plantas, esos seres vivos que aparentemente carecen de emociones pero que si nos fijamos bien, nos damos cuenta cuando sufren y cuando gozan.
Es tiempo de crecimiento, de mantener nuestra evolución, misma que no debemos dejar de lado, debe ser constante, solo nos debemos detener de vez en vez a tomar un respiro, a analizar que hemos hecho bien y que hemos de corregir, y después de eso a seguir con el proceso de mejoramiento contínuo que de manera inequívoca contagiaremos de el a quienes nos rodean.
Bienvenida Primavera.





