Interesante artículo el que publica Businessweek relativo a la cada vez mayor integración de internet en el uso de dispositivos que impliquen total movilidad.
Soy usuario de telefonía celular desde 1996, año en que compre mi primer dispositivo (por cierto de medio uso), un NEC que parecía un ladrillo de color negro pero que francamente era poco más exquisito que aquel bloque de la marca Motorola que usaba Gordon Gekko (Michael Douglas) en la película Wall Street caminando en la playa.
En aquellos años era una verdadera tortura utilizar el teléfono celular porque implicaba que las llamadas entrantes también las pagaba el dueño del dispositivo móvil y no costaban un solo centavo a la persona que llamaba, entonces el receptor de la llamada podía encontrarse, o con una persona con mucho criterio y que te decía lo necesario a sabiendas de que la tarifa estaba contando, o que llamase una persona con el nulo sentido de la prudencia y que tenia incluso la osadía de dejar retenida la llamada por atender alguna situación a su alrededor, con el castigo al bolsillo del dueño del celular. Además, el costo por minuto era considerablemente mayor y si le agregamos el efecto inflacionario, todavía más respecto a la actualidad.
Tiempo después, en la revista Mundo Ejecutivo vi un artículo sobre el primer millón de usuarios de telefonía celular en México y ahí se citaba de las enormes expectativas en este renglón para los años venideros. Las expectativas se rebasaron con mucho en la práctica: al día de hoy en México existen 78 millones de usuarios de celulares.
Después vinieron las migraciones a distintas redes (más avanzadas, por supuesto): Telcel, la compañía con la que tengo contrato, migro de primera generación AMPS a segunda TDMA y después a GSM, para en esta última integrar redes de datos GPRS/EDGE y recientemente UMTS/HSDPA de tercera generación (3G). A este respecto, ya se habla de los dos estándares que compiten en la próxima 4G (cuarta generación): por un lado el LTE o Long Term Evolution y por el otro Wi-Max, un tipo de red Wi-Fi con “esteroides”. Parece que la batalla la está ganando LTE.
En aquellos incipientes años de la masificación del servicio de telefonía móvil, se hablaba por ejemplo que el refrigerador podría informarnos de cuando necesitara surtirse tal o cual producto guardado en el, esto conectándose por internet a nuestro teléfono celular. Francamente se me hizo muy jalado de los cabellos esa situación y bastante impráctico, ¿eso implicaría que debíamos rellenar contenedores especiales dentro del refrigerador para que este tuviese forma de medir si ya necesita surtirse algún producto? Afortunadamente esto no se materializo, por lo menos no de manera popular.
Por el contrario, lo que si se masifico fue el acceso a internet desde nuestros teléfonos prácticamente desde cualquier lugar donde haya cobertura celular. Esto es reciente, pero ya está aquí. Es una situación que hace apenas diez años podría haberse visto como de ciencia ficción: entrar a internet desde un teléfono, el postear, mandar correos, fotografías, interactuar en redes sociales, en servicios de mensajería, y transmitir video en vivo vía streaming por Qik (aunque francamente es toda una odisea lograrlo por la limitante del ancho de banda, pero ahí está la posibilidad real).
Y el futuro es muy promisorio, a eso agreguemos que los gigantes de las telecomunicaciones móviles están enfrascados en una batalla muy fuerte por ganar una rebanada más grande de ese apetitoso pastel que representa el mercado de los teléfonos inteligentes, en el que el mayormente beneficiado es el consumidor.
Veremos que sorpresas nos trae el corto plazo, sin ir tan lejos, este año veremos si llega el iPhone nano, veremos la disponibilidad comercial del Palm Pre, si Android/Google nos siguen maravillando, si Nokia ya muestra algun verdadero as bajo la manga con un Smartphone de peso, veremos que nuevos modelos trae BlackBerry y que novedosas características agregan a su SO, todo eso sin contar las sorpresas que puedan dar los contendientes pequeños de este universo de tecnología móvil. En fin, esperemos y frotémonos las manos mientras tanto.





