Mis años de adolescente y el BMX Freestyle. Parte 2 de 2.
Domingo 10 Agosto 2008 @ 11:58 am

(Viene de la parte 1 de 2). Y ahí me tenían, con el segundo trabajo en mi vida, (el primero fue de “cerillo” en un supermercado también en vacaciones escolares pero en años anteriores, en mi niñez, y con el cual al enterarse mi mama puso el grito en el cielo.… ya contaré en otra ocasión de esa aventura).

Este trabajo que me ofreció mi tío en la adolescencia efectivamente me hizo revalorar el esfuerzo que implica ganarse el dinero, fue una gran lección de vida. Obviamente tuvo sus recompensas, y la más gratificante fue que me hice con mi segunda bicicleta, también comprada en partes, pero a diferencia de la del regalo de mi padre, esta fue armada con piezas de la mejor calidad, por ejemplo los manubrios eran de un material que hasta entonces era muy raro encontrar en el uso cotidiano en las BMX: el aluminio. Eso aligeraba enormemente el peso de esa parte. Compre a otro amigo unos preciosos rines usados marca Skyway de color negro (que pinte de blanco) y así pieza a pieza arme una belleza de “maquina”.

Y las aventuras estuvieron en todo su esplendor, ahora sí, salimos mi amigo Fernando y yo a conquistar caminos, calles y pistas callejeras.

Había lugares en los que ex profeso se reunían los adolescentes de entonces. Uno de ellos era una pista callejera amateur que se implemento por algunos jóvenes de la ciudad en el terreno que hoy ocupa el Mall Plaza 4 Caminos. Entonces solo era un enorme terreno baldío y en aquellos años se rumoraba que algún día ahí construirían la segunda tienda de esa cadena comercial (Cimaco) en la ciudad…ahora sabemos que no solo eran rumores.

Otro lugar de reunión estaba en medio del bosque Venustiano Carranza, con unas rampas hechas con montones de tierra que terminaban en una gran cantidad de arena que amortiguaba las comunes caídas en los saltos que llevábamos a cabo.

Y la más espectacular estaba en el Parque Nacional Raymundo, en la ciudad vecina de Lerdo (parte de la zona metropolitana de La Laguna). En ese parque pasa uno de los ríos laguneros, el Nazas, que en ciertas épocas del año lleva agua (esto depende de la apertura de las compuertas de dos presas de la región). Y ahí se construyo una rampa que terminaba en caídas vertiginosas en el agua. Enorme (pero irresponsable) diversión adolescente.

Otra ocasión feliz fue cuando mi tía Irene me obsequio unos pantalones traídos de EEUU de material plástico muy parecidos a los que estaban de moda para quienes practicaban ese deporte. Aunque he de confesar que no precisamente habían sido traídos para mí, pero aparentemente no le quedaron al destinatario original, y ahí me tenían lleno de felicidad por ese regalo inesperado caido del cielo.

Este deporte desarrolla una gran musculatura en quien lo practica por la fuerza que debe tenerse para maniobrar tanto el cuerpo como la bicicleta, que sin ayuda de motor alguno es impulsada para rodar, elevarse y moverla en suelo y aire por el individuo.

Fueron grandes años. De esa época tengo dos “recuerditos” permanentes: una cicatriz en uno de mis antebrazos por causa de una derrapada sobre el asfalto en una caída (de las muchas caídas que tuve), y la otra un accidente que hasta hoy no se cual fue exactamente la consecuencia en los huesos de mi tobillo, ya que no sé si me haya fracturado algo o simplemente astillado, puesto que estuve 15 días sin poder caminar (en vacaciones escolares afortunadamente), y cuando por fin pude poner pie, estuve otro mes y medio con problemas para apoyarlo. No quise dar detalles a mi madre de la gravedad de mi dolor por temor a que el regaño fuera mayor, así que me aguante como “los machos”…. Pero que doloroso fue el no hablar al respecto y sobre todo difícil de esconder. La consecuencia de ese error de decisión de no hablar es que ahora dicho tobillo no me permite doblar el respectivo pie hacia adentro, aunque fuera de eso no hay problema alguno, incluso al grado que al año del accidente ya estaba jugando soccer. Bendita juventud.

Ahora que veo a los actuales adolescentes por las calles y en videos como el de este artículo, me doy cuenta que no ha cambiado mucho este deporte. Hoy como entonces los jóvenes siguen siendo arriesgados y fuera de las competencias oficiales, acostumbran vestir como visten los adolescentes para quienes la vida es simplemente una bocanada de aire fresco: con jeans y en camiseta… tal y como lo hacíamos aquella generación “ochentera” de Freestyle inspirados en canciones como “Cum on feel the noize” (Quiet Riot), “Jump” (Van Halen) “We´re not gonna take it” (Twisted Sister), “Take on me” (A-ha), “Square Rooms” (Al Corley) o “Tarzan Boy” (Baltimora).

Fue una gran época en mi vida…. Por siempre estará en mi corazón y esas vivencias ya nadie me las quita.

Comentarios (0) - Archivado en Categoría Mi punto de vista escrito por Rob (Administrador)  



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