En la década de los 80s cuando estaba en plena transición de niño a adolescente me llego la fiebre del deporte BMX Freestyle. Este deporte consiste en un uso a nivel acrobático de las bicicletas denominadas BMX utilizadas originalmente para carreras en pista a campo traviesa pero que después se utilizaron además para hacer toda clase de acrobacias a nivel de piso y en el aire en saltos espectaculares.
Aquí en Torreón se formo una gran comunidad de jóvenes practicantes de este deporte, que provenían de todos los estratos sociales y que poco a poco fueron acostumbrando a reunirse los domingos en la tarde en la fuente del pensador en la Alameda Zaragoza (entre ellos yo), para después recorrer la avenida Morelos de ida y vuelta haciendo acrobacias en el trayecto. Era una sana convivencia aunque como en todo grupo social no faltaba el “prietito en el arroz” que hiciera desmanes.
En esa época hicimos una gran dupla mi amigo (casi mi hermano) Fernando y yo, que tristemente se nos adelanto en el viaje eterno cuando tenía solo 18 años por causa de un accidente automovilístico, pero que gracias a Dios nos toco vivir grandes e imborrables aventuras en nuestra época de adolescentes.
Recuerdo que cuando teníamos 14 años le fue comprada una hermosa bicicleta BMX de la marca Windsor, que fue una edición especial del modelo BMX denominada E.T. en alusión a la afamada película de Spielberg de inicios de esa década. Esta bicicleta a diferencia de la serie BMX de Windsor (de donde provenía) cuyos modelos eran normalmente cromados, tenía la peculiaridad de que era de un color verde fosforescente (tan de moda en los 80s los colores pastel y fosfo) y con rines que en lugar de rayos convencionales de acero tenían cada uno cinco aspas de plástico de color blanco lo cual la hacía verse espectacular cuando rodaba. Increíblemente a Fernando no le gustaron las aspas y las cambio en la primera oportunidad por rines de rayos comunes.
Mi padre al ver como no podía unirme a las aventuras con Fernando en vehículo de dos ruedas y darse cuenta de que el pacientemente dejaba su bicicleta para no estar en “ventaja” respecto a mí, en la primera oportunidad que tuvo compro mi primera bici en partes separadas para que esta fuera más económica que una armada de fabrica. Por esos años mis padres pasaron por una muy difícil situación económica que hicieron muy pesada la carga de mantener una familia completa y aun así, no sé cómo, pero mi padre me compro mi bicicleta “frankestein” (en pedazos para luego armarla). Ese fue un detalle que siempre le agradeceré a mi querido Viejo por el esfuerzo que le represento, y más por el hecho de haber sido espontanea su acción….
Ya con mi “caballo” iniciaba una gran saga al lado de mi amigo….pero ese era solo el comienzo.
A fuerza de ser sinceros, la bicicleta que mi padre mi compro era demasiado pesada; era obvio que la economía de las piezas cobraría un precio, y este era la baja calidad de los materiales además del peso físico de la misma. Obviamente yo estaba enormemente agradecido con el detallazo de mi papa, y no le iba a pedir más de lo que podía darme. Afortunadamente ocurrió algo que me haría nuevamente feliz en mi adolescente vida: un día llego mi tío Héctor a la casa y me propuso que me fuera a trabajar con él durante mis vacaciones largas escolares de ese año, así “aprendería lo que cuesta ganar el dinero” (así me dijo) y no estaría de ocioso… no dude en aceptar la invitación. Mi madre se opuso en primera instancia, pero acabo cediendo por las palabras de mi padre y de mi tío. (Continua en la parte 2 de 2).






Orale! Me hicistes recordar mis inicios tambien en este deporte aya a principios de los 90´s !! y ke aun sigo en el, ya solo practicando de vez en cuando !! Que viva el Freestyle…..como antes le llamaba la banda!!!!!