San Miguel de Allende, Guanajuato, México (Parte 1 de 3).
Domingo 24 febrero 2008 @ 4:53 pm

san-miguel-de-allende.jpgTenía años con el propósito de conocer esta colonial ciudad del centro de México catalogada por la Secretaria de Turismo Federal como “Pueblo Mágico”, status que le da acceso a un fondo económico gubernamental para cuidado y promoción turística.

Pues finalmente los últimos días del año pasado cumplí mi propósito y el viaje se convirtió en una muy agradable experiencia.

Me traslade allá en mi automóvil, y cuando planifique la salida desde Torreón, mi ciudad, algunos amigos que recientemente la han visitado me dieron dos opciones de ruta: una (la más corta de las dos y ruta natural) por la línea directa que baja al Sur desde la Laguna hasta el D.F. pasando por Zacatecas, Aguascalientes y otras ciudades de la carretera federal 49, o bien (ruta más larga pero con más ancho de vía en la autopista) viajar primero al Este, a Saltillo y de ahí bajar al Sur pasando por Matehuala, San Luis Potosí y otras ciudades de la carretera federal 57. Esta última fue mi opción elegida.

El trayecto por esa vía 57 está calculado en 9 horas de viaje continuo, solo haciendo las paradas obligadas para recargar combustible, comer y necesidades fisiológicas además por supuesto de tener pequeños descansos para estirar el cuerpo. Pues bien, ya tomadas las previsiones comunes en situaciones de traslado como verificar condiciones mecánicas del auto, hacer maletas, trazar ruta, y asegurándome de llevar a un valiosísimo “compañero” de viaje: mi Blackberry 8300, me lance a la carretera. Cito que el BB 8300 es un valioso compañero de viaje porque tiene cargada entre otras la herramienta de Google Maps con geolocalizacion por triangulación de antenas de telefonía celular (además existe el modelo 8310 con GPS integrado, mucho más exacto en la localización) y así me indica la posición en la que me encuentro con una precisión de radio de 1.7 km a la redonda. Esta herramienta me fue de mucha ayuda porque en todo tiempo me estuvo indicando la posición en la que me encontraba en cada etapa del viaje, así podía ver en la pantalla del Blackberry con solo apretar un botón donde me encontraba en un mapa de México y sabia cuanto me faltaba para llegar a los destinos, o qué dirección tomar para llegar a la parte correcta. Y lo mejor de todo: gratis.

El día anterior a la salida a carretera, dormí unas horas diurnas para estar en condiciones optimas, pero cometí un error: comí una gran cantidad de nopales con chorizo (deliciosos) que no hubiese sido problema, sino porque prepare una gran porción y cuando termine lo que originalmente iba a consumir, no quise dejar nada guardado porque estaría los próximos días fuera de casa, y me “manduque” toda la cantidad preparada ¿Cuánto? Más o menos siete pencas pequeñas de nopal más poco menos de un cuarto de bola de chorizo. No tengo que decir cuál fue el efecto posterior.

Salí de casa a las 3 de la madrugada y en lo que me detuve en una tienda de conveniencia a comprar dos cafés y agua para el viaje, a las 3:45 de madrugada estaba saliendo de la zona metropolitana de La Laguna por Matamoros para tomar la autopista a Monterrey. Una hora más tarde en plena autopista en el lugar conocido como “Cerro Bola” una serie de personas con avisos luminosos me hizo señales de que disminuyera la velocidad y encontré la razón de esta instrucción metros más adelante: un camión cargado de huevo había tenido un accidente y estaba volcado sobre la autopista obstruyéndola lo que hizo que el trafico se desviara por abajo para luego volver a ella en cuanto se pasaba el lugar de accidente. Ya había maniobras de la policía y de la empresa afectada para tratar de liberar la carretera y prevenir otro accidente. Diez minutos más tarde pasaba frente a una pequeña capilla conocida como “La Virgen”. A las 5:34 de la mañana estaba pasando por el entronque a la carretera a Parras de la Fuente, y por esos momentos mi estomago empezaba a recordar con enojo a los nopales con chorizo que me había comido horas antes. Media hora más tarde no aguanto mi organismo y tuve que detener mi marcha en un área de descanso en la autopista para devolver el contenido del estomago.

A las 6:45 de la mañana estaba llegando a la ciudad de Saltillo, era el kilometro 245 de trayecto y ahí aproveche para cargar gasolina, caminar un poco e ir al baño. Retome el viaje y la salida del sol me encontró a las 7:15 de la mañana en el kilometro 253 de trayecto. La salida a la carretera 57 es por el Sureste y se tiene que pasar por la Sierra de Arteaga donde fue necesario cortar parte de unos cerros así como taladrar otro para construir un túnel. Ahí en la primer caseta de cobro de esa autopista de cuota, la misma se transforma del tradicional asfalto en concreto asfaltico que hace que sea bastante rápida, también este material logra que las llantas de los vehículos generen un peculiar zumbido al rodar por ella. Pasando esa caseta me detuve en unos locales comerciales a comprar agua y café, y no me había percatado de la gran cantidad de grados que disminuyo la temperatura desde la última vez que me detuve sino hasta que abrí la puerta del carro y un viento helado me golpeo la cara. Saque mi chamarra y a cubrirme inmediatamente para evitar un resfriado. Me percate que había una gran cantidad de automóviles y camionetas con placas de Estados Unidos estacionados en esa área de descanso y en la autopista, señal de que los compatriotas mexicanos allá residentes estaban regresando para pasar fiestas de fin de año en México, y por supuesto también estadounidenses que eligieron nuestro país como destino vacacional en esas fechas.

Seguí el recorrido y así llegue a las 9:45 de la mañana a la ciudad de Matehuala en el Estado de San Luis Potosí, era ya el kilometro 520 de mi trayecto. El trazado del recorrido decía que debía pasar por la autopista sin llegar a la ciudad, pero había tenido la recomendación de parte de Carlos, mi jefe en la oficina, de llegar a comer las famosas tortas “Sevillanas” en esa ciudad, y no iba a dejar pasar esa oportunidad, por lo que me desvié del recorrido y me dispuse a entrar a la ciudad. Me recibió una estructura en forma de arco de color blanco con una llave en la parte superior en la entrada de la misma a manera de puerta simbólica. La ciudad me recordó mucho a Matamoros de la Laguna, parte de la Comarca Lagunera. Ahí me pase recorriéndola algunas horas y aproveche para hacer de mis necesidades fisiológicas ya que los famosos nopales seguían haciendo estragos en mi estomago. Debo confesar que esa ha sido una de las ocasiones que más he disfrutado estar sentado en un retrete.

En el centro de Matehuala me sorprendió su iglesia principal, ya que es una estructura que destaca por su tamaño. El hambre acabo por ganarme y me puse a buscar afanosamente las “Tortas Sevillanas” (los nopales con chorizo de hacia unas horas ya eran total parte del pasado, tengo buena capacidad de recuperación, y aclaro que no soy kamikaze con mi estomago). En una gasolinera me dieron razón de ese restaurante. Ricas tortas que también recomiendo consumir, en especial la “cubana” que contiene una buena cantidad de carne de puerco condimentada, aguacate, chile jalapeño, verdura, mostaza y una pizca de sal, para que agarre sabor.

Después de más de dos horas, a las 12:03 del mediodía salí para la ciudad de San Luis Potosí, capital del Estado del mismo nombre, y aquí tome la decisión de no llegar (en línea con el recorrido trazado). No entre a ella y solo pase por la autopista que corre a algunos kilómetros de la ciudad a la 1:31 de la tarde siendo ya el km 687 de mi viaje. Aquí empezó a ser el trafico más intenso, debido a que esta área de México está muy poblada por diferentes ciudades muy cercanas entre sí (San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro, Leon, Celaya, etc.) a diferencia del norte del país que tiene extensiones muy grandes y los recorridos entre las ciudades importantes son relativamente largos. A las 2:33 de la tarde y kilometro 785 del recorrido general salí de la autopista federal principal de cuatro carriles en la que me había mantenido y que lleva hacia al sur hasta Querétaro y posteriormente al D.F. y tome a la derecha una carretera estatal de solo dos carriles ya en el Estado de Guanajuato, que lleva a diferentes poblados y ciudades, entre ellos mi destino: San Miguel de Allende.

Las carreteras estatales tienen un buen estado general de conservación, pero desafortunadamente son pequeñas, solo de dos carriles sin espacio para acotamiento y el terreno es muy sinuoso, con muchas colinas que atravesar y eso hace que si tenemos mala fortuna nos encontremos adelante de nosotros con un vehículo lento, demorando esto bastante nuestro recorrido; además por recomendación de los habitantes de estas ciudades, de ser posible no se debe manejar de noche por el peligro que representa tanta sinuosidad y colinas que inhabilitan la visibilidad del frente en tramos largos.

Finamente a las 3:57 de la tarde y 867 kilómetros recorridos desde Torreón, llegue a San Miguel de Allende. Entre a la ciudad y la primer característica que se nota en ella es la gran cantidad de ciudadanos estadounidenses que habitan ahí, sea por residencia permanente o por visita turística.

La ciudad es colonial y muy cuidada, además de muy segura. Procedí a registrarme en el hotel y así estar en condiciones de salir a conocerla y ambientarme (continua en la parte 2 de 3…).

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