El tema de este artículo como ya habrán notado los lectores, especificamente de nuestro país, es motivo de opiniones enfrentadas. Antes de hablar de lleno del mismo, es bueno explicar de qué se trata esta frase tan de moda en México. En los últimos años las grandes empresas, independientemente de si son nacionales o extranjeras pero con establecimientos en México han tenido campañas de apoyo a las personas más necesitadas social y económicamente hablando. Tienen fundaciones de apoyo a los desprotegidos desde hace varios años, y uno de los sectores económicamente productivos, las tiendas de autoservicio y conveniencia, han fijado como mecanismo de ayuda las campañas de redondeo de centavos de la cuenta del consumidor de sus productos o servicios, es decir, cualquier cliente de esas empresas que llegue a surtir su despensa o comprar artículos de uso personal o cualquier otro producto o servicio que se encuentre disponible en la tienda de autoservicio o conveniencia, será cuestionado por la cajera o cajero que le cobre la cuenta de lo adquirido ahí con la siguiente frase: “desea donar los centavos?” Y es precisamente ese cuestionamiento lo que desata la polémica entre el publico y de la cual he sido testigo varias veces.
¿Qué sucede? Pues que hay quien (la mayoría) esta de acuerdo con este tipo de campañas porque de entrada es una ayuda bien canalizada para entregarla una vez recaudada a las instituciones de beneficencia y para apoyo de personas de escasos recursos que son los receptores finales de este dinero. Pero como en la mayoría de las situaciones en esta vida, existe la otra cara de la moneda, y esa otra postura esta plasmada por alguna extraña razón en la mayoria de las veces en las generaciones más jóvenes: los veinteañeros y adolescentes.
La primera impresión que tenemos como consumidores aguardando nuestro turno en la fila de la caja para que nos sea cobrada nuestra cuenta ante la respuesta negativa del cliente que esta adelante de nosotros a dicha pregunta, posiblemente haya sido de sorpresa seguida en milésimas de segundo de una cierta critica interior por lo “tacaño” que resulta ser dicho consumidor y no permitir que unos pobres viejitos tengan una mejor calidad de vida por los centavos que acaban de dejar de percibir. Y mas nos incomoda esto cuando vemos que esa persona es un joven de cabellos erizados con celular en mano.
Pero como he dicho, todo en la vida tiene mínimo dos enfoques, y aquí por supuesto que hay un cierto razonamiento en esa imberbe decisión. Antes de ponerme a criticar, cosa que seria muy sencilla dadas las circunstancias, me propuse investigar el punto de vista de las personas que eligen no donar sus centavos, y es verdaderamente interesante la postura que encontré. El razonamiento de muchos de los adolescentes y veinteañeros es que sin saber a ciencia cierta de que manera, tienen la sensación y en ocasiones el pleno convencimiento de que las tiendas de autoservicio y conveniencia están haciendo “caravana con sombrero ajeno”, es decir, que están dando la imagen de apoyo de un dinero que no salióde sus utilidades corporativas situación que por supuesto seria mas meritoria por lo que todos sabemos cuesta desprenderse de algo ganado, sino que salióde los bolsillos de los que lo generosa y anónimamente donaron de todo corazón esos pocos centavos y que quedan perdidos en el proceso convirtiéndose en los verdaderos héroes sin nombre ni rostro de esta ayuda. Además, también sin saber como, sienten que las tiendas y almacenes recaudadores de estos fondos aprovechan otro punto muy importante: la deducción de impuestos por hacer estas donaciones a nombre propio.
Por mi trabajo, que en verdad disfruto mucho, como asesor de impuestos y áreas administrativas y contables, conozco como operan las donaciones en términos generales y las repercusiones en los contribuyentes que las realizan. Sin pretender dar una profunda explicación que siquiera se acerque a una clase de escuela que merece todos mis respetos, a continuación menciono de manera muy breve como trabajan estas donaciones: La Ley del Impuesto Sobre la Renta o impuesto sobre utilidades en el país, permite deducir de la base del citado impuesto lo donado por los contribuyentes a instituciones de beneficencia siempre y cuando dicha institución este autorizada por el Gobierno para recibir donativos y el mismo sea entregado en efectivo, es decir, si la tienda o el almacén hacen un donativo en especie (mercancía o servicios), ese no será deducible de su base de impuesto. Aquí es donde toma algo de lógica el razonamiento de la minoría de los consumidores de productos y servicios.
Sin tomar de ninguna manera la postura de juez para inclinar la balanza hacia u otro lado, si creo importante dar mi punto de vista en este tema simplemente por el hecho de haberlo tocado. En mi apreciación, no considero relevante si la tienda de autoservicio o conveniencia hace, como cite líneas arriba, “caravana con sombrero ajeno” con el dinero de los demás, o si lo deduce de su base de impuestos. Lo importante es reconocer el merito que dichas empresas tienen por iniciar algo que al final beneficiara a los mas necesitados o mínimo eso se pretende. Y que de no hacerlo simplemente ese dinero no se canalizaría a estas personas, no existirían estos fondos.
Creo que si todos en esta vida empezáramos una “cadena de favores personal” como la que inicio el entonces niño actor Haley Joel Osment en la película homónima Cadena de Favores (Pay it forward) del año 2000, sin lugar a dudas tendríamos un mundo mejor.





